La cooperativa Arte sin Techo trabaja con gente en situación de calle para lograr su reinserción social. Aquí cada pincelada es una forma de expresión y cada trazo, un nuevo comienzo.
Texto: Anabelia Horbuz - Fotos: Mariano Cattaneo
Víctor tiene 46 años y es el que más experiencia posee en muralismo. Antes fue vendedor ambulante, actor, y ayudante de cocina. Quique, de 53, tuvo un grave accidente que lo dejó sin trabajo ni hogar. Demetrio, según dicen, hace excelentes charangos. “Don” Julio, de 61 años, es un eximio dibujante; Daniel, de 34, otro muy buen pintor y Luis, de 41, el más conversador y risueño.
Juntos se suben a la camioneta -comandada por otro Daniel- y salen a pintar y refaccionar los puentes de Almagro, una de las tantas tareas que realizan en Arte sin Techo, la cooperativa que los amparó luego de quedar en “situación de calle”.
Este grupo proviene, en su mayoría, “de una realidad insostenible, porque situación de calle no es sólo dormir en una vereda, es no tener pertenencia”, explica la arteterapeuta Mónica Bottini, quien los acompaña en su labor diaria.
Ahora viven en hoteles y hogares. Y representan sólo algunos de los muchos casos que diariamente se ven en la organización, que no sólo se nutre del arte sino que lo utiliza como una herramienta de inserción social.
Arte sin Techo nació hace cuatro años, pero su puntapié inicial fue el proyecto denominado “El camino de los murales”, una acción del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para embellecer aquellas paredes que tenían pintadas políticas. La coordinadora general de ese plan fue Felicitas Luisi, hoy Presidenta de esta asociación.
“No es natural que la gente viva en la calle, porque se rompe un equilibrio. La gente que se queda en la calle no lo hace sólo porque esta sociedad –que agudiza la pobreza- lo pone en ese lugar, sino porque tiene algo de estructural que hace que pierda el deseo, la dignidad. Nuestra tarea es traerlo de nuevo a ese punto de equilibrio, para que aparezca otra vez ese deseo y pueda regresar a las redes sociales, culturales y productivas”, expresó Luisi.
Cuando una persona llegar a la institución, el primer paso consiste en incorporarlo “a los distintos espacios del lugar. El primero es el terapéutico, donde charlará con una psicoanalista e ingresará al taller de arteterapia. En ese camino nosotros empezamos a gestionarle un hogar, un parador, y un plan de autoempleo, que es la primera punta para salir de la calle y dejar de dormir en la intemperie”, prosiguió.
Después se sumarán a los diversos programas (como el Camino de los Murales) y talleres de capacitación, entre los que se encuentran el de Carpintería, Imprenta, Cerámica y Luthería. También hay un servicio de mensajería.
Los trabajos que allí se efectúan se exhiben luego en el sitio web de la organización (www.artesintecho.com.ar) o en los “Viernes sin techo”, eventos que se llevan a cabo en la sede y que unen la exposición -de un pintor sin techo o no- con un número musical.
En el 2007, uno de los propósitos será crear un espacio de ayuda contra las adicciones. También, se abrirán a la comunidad los talleres de capacitación con el fin de “no estigmatizar a los sin techo como una cosa aparte”.
Mientras, Víctor, Quique, Demetrio, Don Julio, Daniel y Luis continuarán su recorrido por los puentes y murales de la ciudad, haciendo del arte no sólo un modo de expresión sino una razón para seguir adelante.
Más información
Arte sin Techo
Medrano 107, Buenos Aires
(011) 4982-2436
www.idealist.org/es/org/160391-92

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