Gastón Pauls, actor, productor y director de la Casa de la Cultura de la Calle, nos cuenta su experiencia como impulsor de iniciativas sociales desde su lugar en los medios, qué lo motiva, cuál es el impacto y futuro de sus proyectos y qué se necesita desde la sociedad.
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¿Cómo surge tu interés social?
Supongo que nace en mí al haber nacido en una determinada casa donde por suerte no me tapaban los ojos, al contrario, me ayudaban a abrirlos y a mirar lo que pasa más allá de mi círculo cercano. Me acuerdo de pequeñas cosas: mi viejo diciéndome mientras Argentina ganaba el Mundial del ’78: “No hay nada para festejar”. Lo que sí me empieza a pasares que uno empieza a accionar, la acción concreta empezó más claramente cuando empecé a formar parte de los medios. Sentir que podía utilizar el medio y no que el medio te utilice, y aprovechar el lugar que tenía. Cuando empecé a meterme en ciertos sectores mucho más alejados de los medios, algunas realidades muy crudas, sentí que desde mi lugar tenía que hacer algo más. Y en el 2004 termino armando una Fundación que se llama Casa de la Cultura de la Calle, donde hay un trabajo concreto con chicos que están en vulnerabilidad de derecho.
¿Qué hace la Fundación?
Lo que se hace es dar clases de teatro, de música, de pintura, de escultura, de fotografía y de danza a chicos que están en hogares de la Ciudad de Buenos Aires. A mí la actuación me sirvió para poder decir cosas y expresar otras que me pasaban o sentía. Y si yo tenía la posibilidad de que pibes que quizás ni siquiera conocían la actuación, la pintura o la música recibieran ese instrumento, era como una puerta más que yo les daba para salir de la realidad que están viviendo o para saber que eso existe y que ahí tienen un refugio.
¿Qué impacto tuvo la Fundación?
Para mí el impacto más concreto y más importante es, por ejemplo, un caso como el de Alejandro: un chico que fue consumidor de paco y estuvo internado. Después empezó a trabajar con nosotros en los cursos y luego de unos meses de trabajo a fin de año hicimos la muestra, él se subió con sus compañeros al escenario, terminó de actuar y todos empezamos a aplaudir. Alejandro se quedó saludando como media hora, no podía creer recibir el aplauso de la gente; y en un momento se fueron sus compañeros del escenario, y él agarró un micrófono y dijo “hoy es el día más feliz de mi vida” y se fue. Para mí el impacto es ese, es que en realidad un pibe tenga noción de lo que es la felicidad. Nosotros damos clases a 200 chicos y uno desearía que todos estén laburando en cine, televisión, teatro, en las plazas, pero no siempre ocurre. Pero a veces con uno, diez, cinco, ocurre, y ese uno quizás mañana pueda transmitirle a dos esa experiencia, y esos dos a cuatro, y eso está bueno.
¿Qué otros proyectos tenés?
Había un proyecto que se llamaba el Puente que tenía que ver con nuestra salida con Humanos en el Camino: la gente veía el programa y después podía escribir a la página para ofrecer soluciones, ayuda, dudas, preguntas. Era un puente entre el que necesitaba y el que tenía, el que no encontraba y el que tenía una respuesta, hubo cosas increíbles. Hay otro proyecto que se llama Dar la Palabra, un proyecto de chicos de escuelas públicas de todo el país a través de un concurso que hicimos el año pasado y que luego lanzamos un libro a beneficio de UNICEF. Este año se está sumando a Uruguay y a Chile con Natalia Oreiro y Benjamín Vicuña como padrinos. Este proyecto es parte de una idea a desarrollar, el dar la palabra era dar la palabra a los pibes para que puedan tener un espacio para decir. Este año la idea es que los chicos escriban sobre sus sueños, despiertos, dormidos o incluso pesadillas, está bueno que empiecen a hablar sobre lo que temen y lo que sueñan.
¿Cuál es el futuro de estos proyectos?
El futuro es ampliar Dar la palabra, y cuando digo ampliar es que me gustaría hacer un programa de televisión con los pibes. También seguir con la Fundación, sacar otro disco, porque ya sacamos dos discos a beneficio con la revista Magma. Otro de mis proyectos es estar lo más despierto posible todo el tiempo, porque algunas cosas están cada vez más difíciles: uno trabaja con chicos en situación de riesgo y desearía que cada vez hubiese menos pibes, y en realidad hay más, entonces uno se pregunta “¿para qué estoy laburando?”. Es seguir estando bien despierto, seguir mirando más allá de mi horizonte.
¿Qué necesitás para esos proyectos?
Los proyectos lo primero que necesitan es una razón lo suficientemente válida desde el corazón de uno. Y después encontrar pares: una persona que te ayude a escribirlo, otra que tenga una cámara, otro que le sobren 10.000 pesos y los done. En realidad, creo que es la única red real, la red humana que sostenga la realidad, que sostenga muchas caídas, porque hay pibes que se están cayendo. Cuando se habla de Jesús que revivía muertos, en realidad lo que hacía era levantar al que estaba tirado en el piso, y les decía “caminá, que estás vivo, no te quedes tirado, abrí los ojos”. Es ayudarme y ayudar a otro a que abra más los ojos, y vea que ciertas realidades que nos quieren mostrar en ciertos medios existen, pero hay otras realidades que no están siendo vistas. Lo que se necesita para eso es que haya gente que camine, cada uno desde su lugar suma.



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