Texto: Claudia Luján, Guatemala
Desde hace aproximadamente dos años soy voluntaria en un ministerio cristiano que trabaja con jóvenes con “necesidades especiales”. Allí, asesoro en la sistematización de experiencias vividas y apoyo la ejecución de algunas de las actividades que realizan.
Antes que nada, deseo aclarar el término “necesidades especiales”, pues traducido a uno más usual, un tanto discriminativo, se refiere a discapacidad, tanto física, como mental o sensorial.








