Cada vez más empresas apoyan actividades voluntarias en la comunidad a través de sus propios empleados. Con estas acciones no sólo acercan a sus miembros a la realidad social, sino que el valor de la empresa se hace a su vez tangible para la ciudadanía.
Texto: Iván Perez Sarmenti
A raíz del fuerte impacto de la acción voluntaria en la sociedad, las empresas comenzaron a interesarse por ella como parte de una estrategia extendida de la responsabilidad social. Así fue como los programas de voluntariado corporativo comenzaron a crecer rápidamente en nuestro país. A través de ellos, se expresa la alianza entre las necesidades de la comunidad, los intereses de los empleados y las prioridades de la empresa.
“El voluntariado social tuvo su auge en 2002, con una equivalente incidencia en las políticas corporativas de las grandes empresas, que empezaron a tomar las iniciativas de voluntariado corporativo como una forma de potenciar recursos humanos propios y generar articulación con la comunidad”, sostiene Maximiliano Luft, Coordinador de Proyectos del Departamento Empresa y Comunidad de la Fundación Compromiso.
El voluntariado corporativo supone un trabajo interrelacionado de tres actores clave: la empresa como marco, sus empleados en calidad de voluntarios, y la comunidad a través de organizaciones sociales. “En estos programas las empresas optimizan sus recursos humanos en función de la relación con las organizaciones de la comunidad, y a los participantes les sirve para desarrollar habilidades y cualidades, además de brindarles la oportunidad de trabajar en equipo con gente que no es de su esfera laboral cotidiana y de vincularse con organizaciones y necesidades de la comunidad. Sobre todo, le da a las organizaciones sociales la posibilidad de recibir recursos humanos y tecnológicos. Es una relación donde ganan todos”.
Estos programas surgen tanto de las iniciativas de los empleados como de políticas corporativas, pero en todos los casos se caracterizan por ser espacios donde se elige libremente participar. Si en el término voluntariado corporativo hace una importante referencia a la empresa, es el empleado -como persona y más allá de su cargo jerárquico- quien decide ofrecer su tiempo, sus recursos y su energía para involucrarse en una actividad voluntaria.
Las formas de colaboración varían en función del tipo de empresa y posibilidades de ésta: pueden ir desde la alianza estratégica con alguna organización social para apoyar su labor hasta la participación en campañas solidarias. Otras veces, la empresa pone al servicio de programas sociales las habilidades y el tiempo de sus empleados y los recursos necesarios para llevarlos a cabo.
En la actualidad, “más del 50 por ciento de los programas están vinculados a la educación, ya sea en relación con escuelas o en actividades con los chicos. En segundo lugar está la salud y luego el medio ambiente. Pero dentro de cada área hay múltiples variantes”, grafica Luft.
El Grupo Telefónica de Argentina es una de las empresas que más acciones realiza en este terreno. Cuenta con un plantel de más de 1.100 empleados voluntarios que llevan adelante proyectos sociales alineados con los objetivos de la Fundación Telefónica en las áreas de educación, discapacidad, salud, micro emprendimientos, mejoras edilicias, fortalecimiento institucional, y recreación y deportes. Cada empresa del grupo está representada como mínimo por un voluntario coordinador.
“El programa tiene siete años de antigüedad y, aunque no hacemos convocatoria, se suman cuatro voluntarios por semana aproximadamente”, afirma Daniel Brennan, Coordinador de Voluntarios Telefónica en Argentina. “La motivación viene por la comunicación, la capacitación que se brinda a los voluntarios y la posibilidad de que ellos puedan presentar sus proyectos durante todo el año”.
Trabajo + voluntariado
Uno de los puntos más interesantes y más complicados es la articulación de las labores diarias dentro de la empresa con las tareas voluntarias, que en muchos casos se superponen en horarios. “Es uno de los obstáculos permanentes que hay. Por eso cuando diseñamos un programa de voluntariado corporativo trabajamos para que la empresa defina una política de voluntariado en la que se establezcan las reglas de juego, y dentro de eso está la disponibilidad horaria para realizar las actividades”, afirma Luft.
En el caso de Telefónica, si bien los proyectos son avalados por la empresa, se llega a acuerdos con los mandos medios para que el empleado, dependiendo del proyecto voluntario en el que esté involucrado, destine horas de trabajo a esta labor. “Algunas actividades se hacen fuera del horario laboral, pero las capacitaciones y las reuniones de gestión se hacen en el horario de la empresa”, ejemplifica Brennan.
Mariana Lomé, Directora Ejecutiva de la Fundación Compromiso, afirmó en el IV Encuentro de Voluntarios Corporativos: “Invertir tiempo, conocimientos, talentos y recursos de las empresas en los problemas sociales es una manera integradora, comprometida y con visión de largo plazo sobre lo que significa un país con ciudadanos solidarios y responsables, generosos y efectivos, capaces de emocionarse sin perder la objetividad”.

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