Texto: Claudia Luján, Guatemala

Desde hace aproximadamente dos años soy voluntaria en un ministerio cristiano que trabaja con jóvenes con “necesidades especiales”. Allí, asesoro en la sistematización de experiencias vividas y apoyo la ejecución de algunas de las actividades que realizan.

Antes que nada, deseo aclarar el término “necesidades especiales”, pues traducido a uno más usual, un tanto discriminativo, se refiere a discapacidad, tanto física, como mental o sensorial.

De tal forma, este trabajo, aporte, inversión de tiempo y recurso en general no es como podríamos imaginar: de Mí hacia el Grupo, sino del Grupo hacia MÍ. Las personas con necesidades especiales son una población vulnerable en Guatemala, como en el resto de países con bajos índices de desarrollo humano, invisibles, con pocas y a veces nulas oportunidades, así que la idea de que necesitaban mi ayuda no sonaba tan descabellada. Pero, para ser sincera, me han enseñado y ayudado más ellos a mí.

Ser voluntaria en este grupo “La Fuerza de los Frágiles”, integrado por jóvenes que presentan necesidades especiales y ciertos limitantes mentales, me ha cambiado la perspectiva. Yo, por alguna extraña razón, nunca había interactuado y mucho menos trabajado con nadie que presentara estas particularidades, aún más, vivido durante casi 72 horas con ellos. ¡Y me aceptaron! Y no preguntaron por mi experiencia, mi temperamento, mis niveles de tolerancia, o mi conocimiento en los síndromes que les han diagnosticado; insisto, ¡me aceptaron!

Quizás no te apasione esta población, o podría ser que no tengas el tiempo necesario para prestar un voluntariado. Sólo quisiera, con este trozo de vivencia, que contribuyas a la “visibilización” de las personas con necesidades especiales como puedas: cede tu lugar en el transporte colectivo, busca que tus hijos acepten la diversidad para que no crezcan con nuestros prejuicios, entérate y apoya las iniciativas en pro de estas causas.

Es sencillo: sólo míralos como a ti te gusta que te vean, porque sólo tienen necesidades especiales, como tú o como yo, con la diferencia de que a veces nosotros las ocultamos mejor.