El Comercio Justo (CJ) nació en Estados Unidos, durante los años ’40, para ayudar a los productores de países en vías de desarrollo. Hoy es un movimiento que involucra a miles de organizaciones en todo el mundo bajo la premisa de consumo justo, responsable y sustentable.
Texto: Rodrigo Podestá - Fotos: Mariano Cattaneo
Comprar se ha convertido en una acción automática, anónima. Es muy difícil saber quién produjo lo que estamos consumiendo, o a dónde va la plata que pagamos. La dinámica del comercio mundial torna anónima cualquier relación de consumo.
Pero hace setenta años, una iglesia protestante menonita de Estados Unidos generó un canal de comercio para ayudar a los pequeños artesanos latinoamericanos a vender su producción. Posteriormente, nacieron las primeras tiendas en Europa dedicadas a comercializar materias primas como el café y cacao de pequeños productores. Finalmente, el movimiento se institucionalizó, y llegaron las primeras federaciones que agruparon a las organizaciones dispersas por el mundo. Así nació el Comercio Justo.
“El comercio justo no es caridad ni solidaridad. Es una forma de consumo alternativa”, define Dolores Bulit, vocera de la Fundación Silataj, entidad que es miembro de la Federación Internacional de Comercio Alternativo (IFAT) y que se dedica a comercializar artesanías indígenas siguiendo las normas del movimiento. La IFAT suma actualmente a más de 300 entidades en 60 países.
La idea que subyace a esta nueva forma de comercio es la posibilidad de contacto y conocimiento entre el productor y el consumidor, donde cada una de las partes salga beneficiada en la transacción. El movimiento propone el pago de un precio justo al productor fijado a través del diálogo y el consenso, impulsar una igualdad de salarios entre la mujer y el hombre, rechazar el trabajo infantil y fomentar sistemas de producción sustentables y de cuidado del medio ambiente. Son todos lineamientos que llevan a consolidar nuevas formas de consumo, donde una parte esencial es el fin de la cadena: el consumidor responsable.
El comercio justo propone una compra más personal, comprometida, donde uno sabe que al consumir determinado bien está haciendo una apuesta a futuro, está apoyando un modo de hacer las cosas que va más allá del mero intercambio de dinero.
“Mientras la gente se dé cuenta de que tiene el poder de decisión al comprar, muchas cosas pueden cambiar”, expresa Miguel Rodríguez, uno de los creadores de Titrayju (Tierra-Trabajo y Justicia),una marca de yerba mate gestionada por cooperativas y pequeños productores de la provincia de Misiones. “Hay que empezar a ver por qué queremos un consumo más responsable, más sano” agrega.
Pascual Reyes, coordinador de “El Galpón”, un centro comunal de abastecimiento y venta de productos agroecológicos ubicado en Chacarita, comparte la misma sintonía: “tenemos tomar conciencia de consumir de una determinada manera, conociendo la cadena de la producción. Quién lo produce, por qué, qué valoración y visión del mundo está promoviendo a través de ese producto”.
La justicia en el comercio va más allá de intentar conseguir un pago justo a los productores, sintetiza toda una búsqueda por rescatar historias y culturas detrás de un producto. Formas de hacer tal vez olvidadas por las urgencias actuales. El comprar se transforma en una apuesta, en un compromiso que nos involucra a todos.
“El proyecto que dio origen a este trabajo fue el ganador de las Becas AVINA de Investigación Periodística. La Fundación AVINA no asume responsabilidad por los conceptos, opiniones y otros aspectos de su contenido”.
Algunas cifras
En el 2006 se registraron ventas de productos de “comercio justo” en el mundo por más de 1000 millones de dólares.
Más de 1 millón de pequeños productores y sus familias en el mundo se benefician con este movimiento a través de un pago justo y un crecimiento de su calidad de vida. (Fuente FLO: Fair Trade Labelling Organizations)
En la Argentina, la Red Argentina de Comercio Justo incluye a más de 30 organizaciones.
Más información
Tiendas de Comercio Justo en Buenos Aires:
Otro Mercado Al Sur
Calle 10 entre 54 y 55 (La Plata). Artesanías indígenas en cerámica y madera, remeras, mantas, dulces artesanales, aceites, vinos, hierbas e infusiones. Lunes a viernes de 10 a 19 hs. (0221) 422 8659.
Arte y Esperanza
Balcarce 234 (Cap. Fed.) y Pedro de Mendoza 589 (San Isidro).Artesanía indígena.Mantas kollas y mapuches, pulseras, anillos y collares tobas y wichís, cerámica diaguita, máscaras chané y platería mapuche. Lunes a viernes de 9:30 a 18 hs. (011) 4343 1455.
El Galpón
Av. Federico Lacroze 4171 (Cap. Fed.). Productos orgánicos y agroecológicos. Dulces y conservas caseros, panes integrales, cereales, lácteos, frutas y verduras. Miércoles y sábados de 9 a 15 hs. (011) 4552 2257.
Fundación Silataj
Vuelta de Obligado 1933 (Cap. Fed.). Artesanías en madera de palo santo wichís y chorotes, tapices tobas, cestería pilagá, tallas en madera guaraníes, ponchos y barracanes kollas. Lunes a viernes de 9.30 a 13 hs. y de 15.30 a 20 hs. Sábados de 9.30 a 13 hs. (011) 4785 8371.
Centro de Comercialización campesina e indígena (Cecocai)
Bulnes 14. Cap. Fed. Yerba Mate Titrayju, productos de limpieza “Burbuja latina”, hierbas y condimentos, quesos orgánicos, harina de algarroba, azúcar integral y dulce de leche de oveja. Lunes a viernes de 9 a 18.30 hs. Sábados de 9 a 13 hs. (011) 4958 0679.
Puentes del Sur
Delivery de productos de la economía popular solidaria. Distribuyen en Cap. Fed. y Buenos Aires más de 70 productos. (011) 4481 2031- 7059.

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