El voto es la forma de participación ciudadana por excelencia, pero existen otros mecanismos para expresarse e incidir en la vida política. Distintas instituciones - públicas y del sector social - resultan espacios propicios para participar en los procesos de toma de decisiones.
Por Iván Pérez Sarmienti
La participación ciudadana puede ser entendida, desde un criterio amplio, como el involucramiento de los ciudadanos en los asuntos públicos. Este concepto se instaló con fuerza en la comunidad académica y política a partir de la década del ochenta y en especial en la del noventa, a medida que se acrecentaba el desprestigio de lo político. La idea hace referencia a la participación de actores no tradicionales en la toma
de decisiones, inscriptos en organizaciones sociales que no se relacionan con los aparatos partidarios. Como parte de la instalación de esta modalidad, se establecerían en adelante las organizaciones no gubernamentales (ONG) u organizaciones de la sociedad civil (OSC), valoradas como un espacio no contaminado de intereses políticos y/o económicos.
