DOSSIER

Actualmente, las empresas son más que simples generadoras de ingresos: son agentes de desarrollo en la sociedad. A través de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), muchas compañías impulsan programas de mejoramiento social, económico y ambiental.

Texto: Iván Pérez Sarmenti

En los últimos años, las empresas modernas comenzaron a hacerse cargo del rol que cumplen en la sociedad más allá de su aspecto económico intrínseco, y evolucionaron hacia un compromiso cada vez mayor con su entorno. En ese contexto se enmarca el concepto de RSE, que puede definirse como una contribución activa y voluntaria de las empresas al mejoramiento de sus comunidades para incrementar su competitividad y su valor agregado.

Si bien hay distintos enfoques, el Instituto Ethos de Brasil la explica como la “capacidad de una empresa de escuchar, comprender y satisfacer las expectativas de los diferentes actores sociales que contribuyen a su desarrollo”.

Y en ese sentido, los atributos de una empresa socialmente responsable son la ética en los negocios y la calidad de sus relaciones con todos los actores con quienes interactúa: accionistas, empleados, clientes, proveedores, medio ambiente, comunidades y gobierno.

La filosofía de la RSE maneja una lógica inversa a la del individualismo y conlleva el compromiso continuo de responder de manera libre y comunitaria a las exigencias del bien común. Bajo este concepto de administración y de management se engloba un conjunto de prácticas, estrategias y sistemas de gestión empresarial que trasciende el simple cumplimiento de las leyes y normas.

Haciendo memoria
Aunque desde los años noventa el concepto de RSE fue cobrando fuerza a partir de la globalización, el aceleramiento de la actividad económica, la conciencia ecológica y el desarrollo de nuevas tecnologías, sus antecedentes pueden remontarse al siglo XIX, cuando el cooperativismo y el asociacionismo buscaban conciliar eficacia empresarial con principios sociales de democracia, autoayuda, apoyo a la comunidad y justicia distributiva. Sin embargo, algunos autores señalan el origen del movimiento en la década de los ‘30 y otros en los ‘70.

Lo cierto es que durante los últimos años creció el cuestionamiento ético y social a las empresas, quienes en respuesta comenzaron a desarrollar programas de inversión social y de voluntariado en las comunidades en las que estaban insertas. En los años 90 adhirieron al concepto de ciudadanía corporativa de Thomas Donaldson, profesor de Negocios de la Wharton School of Business, de la Universidad de Pennsylvania.

Todos ganan
Pero las empresas comenzaron a adoptar la RSE no sólo como resultado de presiones de los llamados “stakehoders” (consumidores, proveedores, comunidad, organizaciones de activistas e inversionistas, entre otros). También se trata de una estrategia en la competencia comercial.

La responsabilidad social trae a las empresas una serie de beneficios, como el incremento de la productividad en la medida en que el trabajador está a gusto en la empresa. Y también le da a ésta sustentabilidad en el tiempo, mejora su imagen corporativa y su reputación, lo cual genera más clientes, quienes cada vez con mayor frecuencia se inclinan hacia marcas y compañías con buena imagen.

Hoy la empresa desempeña un papel muy importante en la vida de las personas, no simplemente como productora de bienes de consumo y servicios, sino como agente de desarrollo en la comunidad en la que está inserta. De esta forma, las corporaciones aprovechan las expectativas que genera la RSE, y ayudan ayudándose.

Otra campana
Además de la perspectiva empresarial, otras instituciones de la sociedad civil están comenzando a reconocer el valor de una gestión socialmente positiva. Así, la RSU o Responsabilidad Social Universitaria es un nuevo enfoque respecto del vínculo universidad – comunidad. La primera se compromete no sólo a generar y difundir conocimiento científico y tecnológico y a formar profesionales con un claro sentido deontológico y ético, sino a la aplicación práctica y directa del saber en pos del beneficio social.

Con este propósito, universidades de todo el mundo están iniciando programas por medio de los cuales sus estudiantes obtienen experiencia profesional, por ejemplo, contribuyendo voluntariamente al trabajo de una organización o iniciativa social.
Si estos programas se constituyen como parte del plan de estudios, la universidad afianza el imperativo de una ciudadanía más instruida y responsable para la constitución de una nación más sólida.